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Cronopatología
de la vida cotidiana
Existen
una serie de situaciones escritas sobre este papelque, por
muy graciosas que nos puedan parecer, son reales. Nuestra
sonrisa ante ellas no es más que reconocer ante nosotros
que es cierto, pero queriendo demostrar a los que nos miran
que "no tienen que ver con nosotros". Esta reacción
no es más que un mecanismo de defensa. He aquí
algunos ejemplos:
- El tiempo que requiere una tarea crece en proporción
al número de veces que la hemos interrumpido y reanudado.
- Programar y/o realizar una tarea larga supone dificultades
muy superiores a las que plantea una corta.
- El valor de una tarea no crece proporcionalmente al tiempo
que se le dedica, sino que forma una curva en "S".
Es fácil ser, a la vez, un chapuzas en unos temas y
un perfeccionista en otros.
- Nunca se puede hacer solamente una cosa.
- Un hombre con un reloj sabe qué hora es. Un hombre
con dos relojes nunca estará seguro.
- Cuanto más lejos está el futuro, más
bonito nos parece.
- Si se quiere identificar a un experto, hay que escoger al
que predice que el trabajo durará más tiempo
y costará más.
- No hay mejor momento que el presente para que retrase lo
que no se quiere hacer.
- Cualquier cosa que vale la pena hacer, ayer también
valía la pena hacerla.
- Los trabajos sencillos siempre se dejan para después
porque ya habrá tiempo de hacerlos.
- Cuando vemos que no llegamos a tiempo a nuestro objetivo
empezamos con las suposiciones. Aunque la suposición
es la madre de todas las pifias.
- Un proyecto de trabajo se expande hasta llenar todo el espacio
disponible. Y no importa lo grande que sea el espacio. Si
hay dos proyectos que deban hacerse a la vez, los dos requerirán
la misma porción de espacio de trabajo.
- El tiempo libre del que se puede disponer de una manera
imprevista siempre se malgasta inevitablemente.
La forma de mejorar la gestión de nuestro tiempo no
está en dedicar menos tiempo a cada actividad, sino
en invertir en cada una de ellas el tiempo necesario, ni más,
ni menos.
John Smith y su esposa se encontraban de Luna de Miel en una
playa de Jamaica. La luna era llena, las estrellas brillaban
y el suave murmullo de las olas rompiendo en la orilla invitaba
a la imaginación.
John llevaba trabajando en el Departamento de Finanzas de
la cadena hotelera Flinstones Resorts desde hace más
de 9 años. Nunca había tenido tiempo para disfrutar
su vida actual. Sin embargo era consciente de que la felicidad
estaba a la vuelta de la esquina, aunque en realidad no tenía
una idea demasiado clara de lo que realmente era la felicidad
para él y su familia.
Esposo y esposa, arrullados por la brisa del mar, comenzaron
a imaginar el resto de su vida como si fuera una película,
como las que hacen en Hollywood, de "las del chico y
la chica". En su película, ellos eran los protagonistas.
¿Cómo podemos hacer esta película
especial? -preguntaba John. ¿Cómo tienen que
ser los protagonistas?. ¿Qué les tiene que pasar?.
¿Quienes más tienen que estar en la película?.
¿Cómo emplearían los protagonistas su
tiempo?, ¿Solos?, ¿Juntos?, ¿Con otros?.
¿Qué harían los fines de semana, por
las tardes, por las mañanas, en el trabajo, en vacaciones,...?.
Su esposa no pudo contener un sentido suspiro al ver la luna
reflejada en los ojos de John.
Pero de aquella idílica Luna de Miel han pasado ya
10 años.
Si completamos nosotros la película veremos que existe
una diferencia abismal entre la película real de los
últimos 10 años en la vida de nuestros protagonistas,
y la película ideal que trataron de escribir.
El tomar la decisión sobre qué es lo que se
quiere en la vida es una de las cuestiones más difíciles.
Muchas personas nunca se deciden a afrontar esta cuestión.
Casi todas las personas desean conseguir más de la
vida, pero se encuentran muy despistados sobre lo que este
"MAS DE LA VIDA" tendría que ser. Pruebe
a contestar a la pregunta de ¿qué desea hacer
en su vida?.
Imagínese el resto de su vida como si fuera una película
en la que usted es el protagonista, el guionista y el director.
Usted escribe el argumento, decide el lugar y elige a los
actores secundarios. Describa lo que sería un día
perfecto en su vida dentro de cinco años.
Quizá se encuentre en un apuro. Pero tranquilo. Todos
pasamos por el mismo sitio. Si ha tratado de iniciar este
ejercicio que proponíamos en el párrafo anterior,
se habrá dado cuenta que en todo proceso de planificación
debemos darnos cuenta, valga la redundancia, de qué
es lo que nos pasa en el momento actual para poder cambiar
situaciones futuras.
Si quisiéramos escribir, en vez de una película
"romanticona", una película laboral deberemos
movernos en una dirección única, tratando de
armonizar los conocimientos y deseos, traduciendo cada uno
de los objetivos en tareas específicas y de irlas pasando
en bloques temporales, una a una a la lista diaria. Deberemos
realizar un seguimiento con puntos de control en las fases
intermedias que previamente hayamos determinado.
Muchas personas mantienen un aspecto claro de que su cerebro
está sobrecargado durante largos periodos. Ven todas
sus futuras obligaciones, en el trabajo y en su vida personal,
como una conjunto de tareas no estructurado y desorganizado.
Lo grande y lo pequeño están mezclado, sin ningún
orden ni concierto. Esto da como resultado un cerebro totalmente
ocupado en el procesamiento de infinidad de pequeños
detalles que no están relacionados entre sí,
donde resulta imposible distinguir entre lo importante y lo
trivial.
Muchas cosas se olvidan, o se realizan en un orden inconexo,
simplemente guiadas por el impulso.
Ante esta situación es frecuente que no se haga nada,
floreciendo de esta manera un sentimiento de culpabilidad
o mala conciencia ante el trabajo no realizado. Las prioridades
del trabajo se han fijado de una manera equivocada. En un
momento determinado parece que es más importante lo
que es visible en una agenda teniendo el despacho totalmente
desordenado.
Existe una correlación directa entre la visión
global o de conjunto y el nivel de actividad que se realiza.
Un requisito previo para la espontaneidad y la creatividad
es un nivel de energía lo suficientemente alto, que
va a depender de la visión global y del sentimiento
de control de las situaciones.
Tener un plan preparado para el próximo periodo de
planificación antes de que termine el anterior dará
al cerebro subconsciente la oportunidad de "dormir sobre
éste". De esta manera se pueden producir nuevas
ideas sobre como mejorar los resultados del periodo siguiente.
Una buena táctica consiste en escribir las ideas justo
en el momento en que a uno se le ocurren. Este registro va
a aliviar al cerebro consciente. Solamente cuando se sienta
que el día siguiente ya está controlado y que
la cabeza no está llena de "cabos sueltos"
se podrá disfrutar del momento presente.
Si queremos salir de la situación caótica de
la desorganización, se deben fijar unos objetivos,
que han de ser:
- Muy concretos y específicos.
- Pocos pero muy importantes.
- Compatibilizables entre ellos.
- Alcanzables, pero con dificultad.
- Cuantificables (en la medida de lo posible).
- A plazos, e incluso con escalones intermedios para facilitar
su seguimiento.
- Escritos y fácilmente consultables.
- Que según evolucionan las situaciones evolucionen
también los objetivos.
- Y la propia evolución y desarrollo personal deben
hacer variar la importancia de las cosas.
De igual modo, a estos objetivos hay que asignarles unas prioridades.
Tener definidos los objetivos supone la existencia de un rumbo
de trabajo.
Pero los objetivos no se alcanzan si no es a través
de las actividades que se realizan. "La trampa de la
actividad" consiste en que estamos tan ocupados en lo
que hacemos que olvidamos para qué lo estamos haciendo.
Establecer la prioridad de cada actividad es la mejor, y casi
única, garantía posible de lograr la eficacia
que se requiere en cada trabajo. |
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