La
hora de la calidad
Por Jesús Felipe
Gallego
Director General ASEHS-AIDETUR
A través de los tiempos el ser humano ha tratado
de mejorar su existencia de muchas maneras. La mayoría
de las veces utilizando la fuerza y consiguiendo aquello
que el vecino o el pueblo más cercano poseía,
ya fueran productos, materias primas o descubrimientos que
ellos no tenían.
En otras ocasiones, el comercio permitía el intercambio,
trueque, compra o venta de lo que consideraba necesario
para vivir y que las tierras lejanas o cercanas ponían
a la disposición de mercaderes caravanas
que buscaban a lo largo y ancho de terrenos conocidos o
desconocidos las mercancías para los ciudadanos de
uno u otro lado del mundo conocido en esos tiempos.
Sin embargo, en toda época, los seres humanos o al
menos aquellos que podían, siempre han demostrado
interés por lo que representaba lo mejor en suma,
lo de más calidad, lo diferente, lo escaso, lo que
era más difícil de conseguir, es decir, algo
que estuviera relacionado con su status de vida y fuera
un privilegio poseer.
Así, la historia nos habla de las sedas de Oriente,
de las especias de determinados lugares, de las piedras
preciosas que procedían de minas o montañas
lejanas, de aves o animales de carnes delicadas y sabrosas
o de las termas o famosos balnearios a donde acuda lo más
selecto de la sociedad de aquellos tiempos. Era, sin duda,
una visión de la CALIDAD expresada por nuestros antecesores,
que rendían tributo al producto más relacionado
con su cultura y su posición social, de la gran masa
de ciudadanos sólo unos
pocos disfrutaban de estas posibilidades de tener a su alcance
lo más deseado por una clase social que tenía
un concepto de la calidad basado única y exclusivamente
en adquirir lo que, suponía una distinción,
puramente social.
Con estas premisas sencillas, queremos simplemente afirmar
que a calidad ha sido conceptuada a lo largo de los siglos
como atributo del lujo y como bien propio de las clases
más pudientes en épocas pasadas. En este escenario
llegamos al siglo XXI, donde se van a producir y se han
producido los hechos más espectaculares de toda la
humanidad. Los cambios afectan a lo político, lo
social, a lo económico y a lo cultural. Todo se impregna
de una nueva "cultura" y va a ser en este período
cuando los cambios son de tal naturaleza que algunos llaman
a esta etapa, la era de las incertidumbres ya que con una
continuidad constante se producen cambios en todos los órdenes
que nos llevan de una sorpresa a otra sin darnos casi tiempo
a asimilar la anterior.
En este estado de caos o de incertidumbre surge con fuerza
y con una nueva filosofía la palabra CALIDAD. La
sociedad industrial que había nacido a finales de¡
siglo XVII, principios del XVIII, después de la II
Guerra Mundial incorpora al lenguaje técnico este
concepto que venía a establecerse en un país
que había sufrido los horrores de la guerra y que
necesitaba recuperarse en todos los aspectos: Japón.
Como siempre sucede, una persona. un americano, William
Deming va a transmitir a las empresas japonesas sus teorías
sobre calidad y su Influencia en la consecución de
productos que pudieran ser competitivos en mercados internacionales.
Mientras tanto, en Europa y en Estados Unidos, el objetivo
era producir para un consumidor que, se estaba despertando,
también de años difíciles, y cuyo principal
deseo era poseer bienes que nunca habían estado a
su alcance no importando demasiado su calidad. Por su parte
las empresas, como consecuencia de la crisis del petróleo
allá en los años setenta, empiezan a valorar
los costes que significaban una producción defectuosa
y los errores que se cometían durante los procesos
de fabricación. Va a ser en los años ochenta,
cuando los estadounidenses se dan cuenta de la penetración
de los productos japoneses en el mercado internacional.
Maquina de fotos, motocicletas y otros productos invaden
los comercios de la mayoría de los países
llamados desarrollados.
Se inicia entonces la introducción en las empresas
americanas de la calidad como punto de partida para renovar
el concepto del mercado, donde una nueva filosofía
productiva y de servicios viene a desarrollar todo un sistema,
que más tarde se denominaría CALIDAD TOTAL.
La sociedad que se acerca al final de este siglo y a la
iniciación de un nuevo milenio, vive en un estado
apasionante de cambios tecnológicos. Continuas innovaciones,
nuevos valores, modas y hábitos en transformación
constante, que podíamos sumar 2 largo etcétera
de descubrimientos y hechos sociales que no dejan de sorprendernos.
Y es, en este amanecer de un nuevo siglo, cuando un hecho
social, económico, cultural y político hace
su aparición: el TURISMO. Es como si en un cruce
de caminos se hubieran encontrado dos sujetos que van a
atravesando cogidos de la mano un túnel de tiempo,
que les va situar en una nueva era o en un nuevo periodo
de la Humanidad. Porque ambos representan un estado diferente
de los hombres y mujeres que los practican.
Por un lado, el TURISMO ofrece libertad y mejora sustancial
del nivel de vida de aquellos que lo practican. Por otro
la CALIDAD significa producir y recibir bienes y servicios
construidos con la filosofía de la perfección
como objetivo, que satisfacen a quienes las elaboran y a
quienes los reciben. Y esto sucede no para un grupo reducido,
sino para millones y millones de personas. Es la era de
la democratización. El mercado al alcance de hombres
y mujeres que han superado el simple consumo, por el consumo
más selectivo.
En estos nuevos escenarios que se plantean no hay otras
alternativas que la que nos ofrece el camino de la calidad.
Es un reto y un compromiso que tenemos que aceptar para
tener una visión del futuro.
La calidad no es cuestión de tener un buen producto
o dar un buen no sólo representa la satisfacción
del cliente, es un paso hacia delante, donde la calidad
se pone al servicio todos. La calidad no es ninguna estrategia
individual que se desarrolla con más o menos fortuna,
ni tampoco es el éxito prematuro o los resultados
espectaculares. La calidad es un concepto, redescubierto
que sólo puede desarrollarse entendiendo los cambios
profundos de esta nueva sociedad que van más allá
del pensamiento vertical al que estamos acostumbrados.
Es una nueva etapa que necesita el concurso de todos y la
empresa tiene que ser reflejo de este objetivo. La calidad
tiene que convertirse en el motor de arranque de todos aquellos
que quieran estar en el futuro y en esta combinación
de turismo y liderazgo a la que nuestro país aspira
a mantener debemos sumarnos con un sí rotundo por
nosotros mismos y las próximas generaciones.
En estos momentos tenemos la oportunidad de reflexionar
sobre cómo entendernos y aplicamos la calidad en
nuestro entorno.
Este instrumento que ponemos en sus manos, propone de forma
sencilla cómo acceder a la calidad. Pero, sin duda,
es el inicio de un camino que irá dando respuesta
en la medida que su compromiso que se involucre en la realidad
diaria que forma parte de usted.
Jesús Felipe Gallego
Director General ASEHS-AIDETUR
E-mail asehs@arrakis.es
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